Saúl Arellano. Opinión
Domingo 14 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=544036
El de Felipe Calderón está condenado a ser un sexenio perdido en materia de empleo. A casi cuatro años del inicio de su mandato, la economía no ha logrado detonar un proceso de crecimiento con equidad y con la capacidad de generar empleos dignos.
El manejo tramposo de las cifras que ha hecho el Ejecutivo federal es tanto irresponsable como contrario a los principios que deben mover a un jefe de Estado: hablar con la verdad a la población y asumir, al costo que sea, las decisiones requeridas para garantizar el bienestar de los gobernados.
En ese sentido, declarar una y otra vez a los medios de comunicación que ya estamos en franca recuperación económica y laboral es tan falso, que resulta verdaderamente ofensivo, sobre todo ante la realidad de un país que vive la zozobra de la inseguridad pública, así como el oprobio del hambre y la
enfermedad.
Esta tendencia mentirosa del Ejecutivo comienza también a ser frustrante, porque cada mes que el INEGI informa sobre las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, de inmediato Felipe Calderón nos receta la misma cantaleta: “vamos por el camino correcto”; “hemos creado cifras récord de empleo”; y una larga lista de verdades a medias que antes de generar confianza entre los ciudadanos, confunden y llevan a la pregunta de ¿por qué si hay tan “buenos” datos, la gente sigue empobreciéndose más y más?
Lo primero que el Presidente omite en sus discursos es que la población mayor de 14 años ha crecido de 75, 164, 132 de personas a 79, 855, 163, entre el mes de diciembre de 2006 -en el que tomó posesión de su mandato- y el mes de septiembre de este 2010, lo que significa nada menos que un incremento de 4.69 millones de personas.
Lo anterior implica también un crecimiento de 2.68 millones de personas en el segmento que integra a la Población Económicamente Activa (PEA), la cual se sitúa ya en 47.13 millones.
Durante su campaña en 2006, Felipe Calderón prometió ser el “presidente del empleo”. Hoy las cifras le dan la espalda: en ese año, había en México 1.6 millones de personas desocupadas, es decir, una tasa de 3.6% del total de la PEA. Ahora, casi después de cuatro años completos de su mandato, la tasa de desocupación registrada por INEGI es de 5.6% de la PEA, lo que significa en términos absolutos 2.65 millones de desocupados a lo largo y ancho del país.
¿Dónde está la tan “cacareada” recuperación? En términos estrictos, el sexenio de Calderón ha provocado el desempleo de un millón de personas adicionales a las que había cuando asumió el poder, mientras que la tasa de desocupación se encuentra dos puntos porcentuales por arriba.
Si el Presidente se empecina en decirnos mentiras sobre el empleo cada mes, es importante mostrarlas también cada mes. En ese sentido, es importante mostrar más cifras para que quienes hacen los discursos del Ejecutivo puedan tomarlas en cuenta y nos digan toda la verdad y no sólo aquello que pretende hacer parecer que todo va bien.
Por ejemplo, al momento en que Calderón tomó posesión, el 13.04% de la población ocupada percibía ingresos por debajo de un salario mínimo. A finales de septiembre, el porcentaje es de 12.98%. Así, no sólo no se crean más empleos, sino que los creados siguen siendo de pésima calidad.
En la misma tendencia, ha ocurrido que tanto el número absoluto como el porcentaje de personas que perciben más de 5 salarios mínimos se han reducido severamente. Mientras que en diciembre de 2006 había un 11.94% de la población ocupada en ese nivel salarial, en septiembre de 2010 el porcentaje es de 8.92%.
Asimismo, ahora que está de moda hablar de la crisis del IMSS, vale la pena destacar que mientras que en 2006 el porcentaje de personas ocupadas que tenían acceso a servicios de salud por el trabajo que desempeñan era de 36.7%, en septiembre de 2010 se redujo aún más a sólo el 35.41%.
La precarización del empleo ha llevado a que un mayor número de personas tenga que trabajar más de 48 horas a la semana a fin de completar los ingresos necesarios para satisfacer a medias las necesidades de sus familias. Así, mientras que en diciembre de 2006 había 7, 982, 716 de personas que trabajaban más de 48 horas a la semana, es decir, el 28.4% de la población ocupada, en septiembre de 2010 la cifra es de 8, 158, 064, o sea un 27.9% del total de ocupados.
Por si lo anterior fuera poco, el costo de la línea del bienestar mínimo en el ámbito urbano ha crecido, de diciembre de 2006 al mes de agosto de 2010, en un 17.4%; mientras que en el ámbito rural el crecimiento ha sido del 16.2%.
Las políticas del gobierno federal han provocado una verdadera catástrofe social en todo el país, por lo que el licenciado Calderón ya no puede simplemente seguir mintiendo y pretender que nada pasa.
Con todo lo anterior no es aceptable pues, que el Presidente siga tratando de engañarnos a través de su “economía-ficción”.
domingo, 14 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
La verdadera crisis del IMSS. Periódico La Crónica
Saúl Arellano. Opinión. Domingo 7 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=542656
El Instituto Mexicano del Seguro Social fue creado en 1943. La idea de construirlo tuvo como sustento las tesis del Estado de bienestar, pero sobre todo, la convicción de generar instrumentos del Estado capaces de moderar la opulencia.
En efecto, la exposición de motivos de la Ley del IMSS de 1943 establece que el instituto fue concebido como el principal instrumento del Estado mexicano para garantizar la redistribución del ingreso y generar las bases elementales del bienestar y la equidad nacional.
Como puede verse, los constructores del IMSS estaban pensando en una arquitectura institucional con las capacidades necesarias para lograr la justicia social en aras de dar sentido al mandato constitucional relativo a la obligación de cumplir con los derechos sociales.
Ahora que el director del Instituto, Daniel Karam, nos dice que el IMSS vive la peor crisis de su historia nos está diciendo la verdad; pero no porque en efecto hay un boquete financiero de dimensiones mayores, sino porque este boquete tiene una causa previa: el olvido histórico y la renuncia a un Estado social, argumentos que el flamante director no incluye en sus explicaciones.
En ese sentido, el IMSS vive una profunda (crisis) que ha sido generada porque las tesis de bienestar han caído en desuso y peor aún, porque se les embate desde la iniciativa privada y la tecnocracia dominantes, con la perversa intención de desmantelar lo poco que nos queda de las instituciones de un modelo de desarrollo que apostaba, al menos en la retórica, por la justicia y la equidad.
Para los tecnócratas como Santiago Levy y compañía, el IMSS es visto como una carga fiscal monstruosa para la sociedad. Para demostrarlo, construyen gráficas de todos colores, para mostrarnos que las pensiones que se pagan a los ex trabajadores de la institución, así como las prestaciones que se cubren a su sindicato constituyen una sangría impagable.
No puede negarse que el sindicato del IMSS sí tiene secciones y liderazgos que poco tienen de democráticos y que en no pocas ocasiones incurren en prácticas que llaman a la sospecha en torno a la posibilidad de actos de corrupción.
Pese a lo anterior, la verdadera crisis del IMSS tiene su origen en la fractura del modelo de desarrollo, pues no es aceptable bajo ninguna premisa, que el acceso a la seguridad social universal gratuita sea una amenaza fiscal ni un impedimento del crecimiento económico.
En la semana que concluye, se presentaron los resultados del Índice de Desarrollo Humano a nivel global; resulta ser que las naciones con mejores indicadores son aquellas en las que existen esquemas de cobertura gratuita y universal tanto de la seguridad social como de la educación, desde el preescolar
hasta la universidad.
También coincide que las naciones mejor ubicadas en el índice son las que tienen mejores esquemas de recaudación fiscal a la par de los mejores instrumentos de redistribución de la riqueza. Por citar un ejemplo, hay países europeos en donde existen disposiciones legales para evitar que al interior de las instituciones públicas, quien más ingresos percibe no puede ganar más allá de 10 veces el monto de quien menos gana.
Al contrario de ello, en México, el director general del IMSS percibe como sueldo alrededor de 220 mil pesos mensuales, mientras que una secretaria de base no percibe más allá de 7 mil pesos al mes, es decir, una escandalosa diferencia de 31.5 veces más ingresos entre quien dirige la institución y quien le toma las llamadas.
La crisis del IMSS no es financiera. Es parte de la crisis moral en la que ha caído el Estado, al permitir las inmensas brechas de desigualdad que existen a lo largo y ancho del país.
No es cierto que no haya recursos financieros para sanear a la institución. Se dice que su déficit equivale a casi 5.6% el PIB nacional. Pero no se dice que lo que manejan las AFORES equivale a eso y más, negocio que fue prácticamente regalado a los banqueros y a las aseguradoras; sectores que dieron origen por su codicia, corrupción y cinismo, al mayor terremoto económico conocido desde 1929.
La crisis del IMSS se encuentra sobre todo en el cambio de visión en el modelo de desarrollo del país. Si los ingresos del Instituto están determinados por la cantidad de trabajadores y patrones registrados, resulta ridículo pretender que haya solvencia financiera cuando más del 28% de la población ocupada se encuentra en la informalidad y cuando en números absolutos representa una masa de casi 13 millones de personas, cifra casi similar al número de afiliados al IMSS que no ha logrado llegar a 15 millones.
Mienten quienes afirman que la crisis del IMSS se debe a sus trabajadores. La crisis del instituto es la crisis de la inmoralidad de los políticos y los privados que han hecho del hambre y la enfermedad un negocio, y del aparato público un nido de corrupción y fuente de una aterradora desigualdad, que a
todos debería llenarnos de coraje e indignación, pero sobre todo, convocarnos a la movilización para exigir justicia y seguridad social para todos.
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=542656
El Instituto Mexicano del Seguro Social fue creado en 1943. La idea de construirlo tuvo como sustento las tesis del Estado de bienestar, pero sobre todo, la convicción de generar instrumentos del Estado capaces de moderar la opulencia.
En efecto, la exposición de motivos de la Ley del IMSS de 1943 establece que el instituto fue concebido como el principal instrumento del Estado mexicano para garantizar la redistribución del ingreso y generar las bases elementales del bienestar y la equidad nacional.
Como puede verse, los constructores del IMSS estaban pensando en una arquitectura institucional con las capacidades necesarias para lograr la justicia social en aras de dar sentido al mandato constitucional relativo a la obligación de cumplir con los derechos sociales.
Ahora que el director del Instituto, Daniel Karam, nos dice que el IMSS vive la peor crisis de su historia nos está diciendo la verdad; pero no porque en efecto hay un boquete financiero de dimensiones mayores, sino porque este boquete tiene una causa previa: el olvido histórico y la renuncia a un Estado social, argumentos que el flamante director no incluye en sus explicaciones.
En ese sentido, el IMSS vive una profunda (crisis) que ha sido generada porque las tesis de bienestar han caído en desuso y peor aún, porque se les embate desde la iniciativa privada y la tecnocracia dominantes, con la perversa intención de desmantelar lo poco que nos queda de las instituciones de un modelo de desarrollo que apostaba, al menos en la retórica, por la justicia y la equidad.
Para los tecnócratas como Santiago Levy y compañía, el IMSS es visto como una carga fiscal monstruosa para la sociedad. Para demostrarlo, construyen gráficas de todos colores, para mostrarnos que las pensiones que se pagan a los ex trabajadores de la institución, así como las prestaciones que se cubren a su sindicato constituyen una sangría impagable.
No puede negarse que el sindicato del IMSS sí tiene secciones y liderazgos que poco tienen de democráticos y que en no pocas ocasiones incurren en prácticas que llaman a la sospecha en torno a la posibilidad de actos de corrupción.
Pese a lo anterior, la verdadera crisis del IMSS tiene su origen en la fractura del modelo de desarrollo, pues no es aceptable bajo ninguna premisa, que el acceso a la seguridad social universal gratuita sea una amenaza fiscal ni un impedimento del crecimiento económico.
En la semana que concluye, se presentaron los resultados del Índice de Desarrollo Humano a nivel global; resulta ser que las naciones con mejores indicadores son aquellas en las que existen esquemas de cobertura gratuita y universal tanto de la seguridad social como de la educación, desde el preescolar
hasta la universidad.
También coincide que las naciones mejor ubicadas en el índice son las que tienen mejores esquemas de recaudación fiscal a la par de los mejores instrumentos de redistribución de la riqueza. Por citar un ejemplo, hay países europeos en donde existen disposiciones legales para evitar que al interior de las instituciones públicas, quien más ingresos percibe no puede ganar más allá de 10 veces el monto de quien menos gana.
Al contrario de ello, en México, el director general del IMSS percibe como sueldo alrededor de 220 mil pesos mensuales, mientras que una secretaria de base no percibe más allá de 7 mil pesos al mes, es decir, una escandalosa diferencia de 31.5 veces más ingresos entre quien dirige la institución y quien le toma las llamadas.
La crisis del IMSS no es financiera. Es parte de la crisis moral en la que ha caído el Estado, al permitir las inmensas brechas de desigualdad que existen a lo largo y ancho del país.
No es cierto que no haya recursos financieros para sanear a la institución. Se dice que su déficit equivale a casi 5.6% el PIB nacional. Pero no se dice que lo que manejan las AFORES equivale a eso y más, negocio que fue prácticamente regalado a los banqueros y a las aseguradoras; sectores que dieron origen por su codicia, corrupción y cinismo, al mayor terremoto económico conocido desde 1929.
La crisis del IMSS se encuentra sobre todo en el cambio de visión en el modelo de desarrollo del país. Si los ingresos del Instituto están determinados por la cantidad de trabajadores y patrones registrados, resulta ridículo pretender que haya solvencia financiera cuando más del 28% de la población ocupada se encuentra en la informalidad y cuando en números absolutos representa una masa de casi 13 millones de personas, cifra casi similar al número de afiliados al IMSS que no ha logrado llegar a 15 millones.
Mienten quienes afirman que la crisis del IMSS se debe a sus trabajadores. La crisis del instituto es la crisis de la inmoralidad de los políticos y los privados que han hecho del hambre y la enfermedad un negocio, y del aparato público un nido de corrupción y fuente de una aterradora desigualdad, que a
todos debería llenarnos de coraje e indignación, pero sobre todo, convocarnos a la movilización para exigir justicia y seguridad social para todos.
domingo, 24 de octubre de 2010
Se equivoca Usted, Señora Beatriz Paredes. Periódico La Crónica
Saúl Arellano | Opinión Domingo 24 de Octubre, 2010
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=539952
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=539952
En la sesión del jueves 21 de octubre la Cámara de Diputados fue testigo de uno de los actos de incongruencia ideológica más bochornosos en que ha incurrido el PRI en muchos meses. Quizá mi ignorancia sea muy grande, pero que yo recuerde, ningún socialdemócrata —posición en la que la Lic. Paredes ha dicho situarse— impulsaría la creación de “vales” para que en lugar de que la seguridad social proteja el derecho a la salud de la población, sea la empresa privada la que dé surtimiento a las recetas.
Asumir lo anterior es, como diría el clásico, “poner a la carreta delante de los bueyes”, y no comprender que la seguridad social forma parte de un proyecto de cohesión social de envergaduras mayores, y no una cuestión técnica-presupuestaria a la que han pretendido reducirla tecnócratas como Santiago Levy o el actual director Daniel Karam.
Es preocupante que la diputada Beatriz Paredes y el diputado Jorge Carlos Marín olviden su origen y den la espalda a uno de los proyectos sociales más importantes que surgieron de los gobiernos autodenominados como “Revolucionarios”.
En la sesión del jueves, la mayoría de los priistas se comportó a la altura de los panistas y representantes de la derecha que en 1943 se opusieron a la creación del Seguro Social, bajo el argumento de que el mercado privado es mucho más eficiente en la prestación de los servicios sociales; para demostrar que no es así baste recordar el caso de la guardería ABC.
Hay que preguntarle al PRI: ¿Qué sigue? ¿Dar vales para también desmantelar la educación pública? ¿Renunciar a un Estado Social capaz de garantizar los derechos humanos de toda su población?
Es una mala noticia para el país que la dirigencia del PRI apueste por las alianzas políticas de coyuntura antes que por las instituciones del Estado; también es mala noticia que el PRI, un partido con la oportunidad de transformarse para renovar un proyecto social tendiente a construir una nación generosa, apueste por alianzas que no tienen como mira sino el triunfo electoral del mes siguiente.
¿Por qué la Señora Paredes ha avalado alianzas con un partido como el Verde Ecologista, que propugna por la pena de muerte? Para un partido que forma parte de la Internacional Socialista esto debería ser motivo suficiente para romper todo acuerdo o negociación.
No sé si los asesores de la presidenta del PRI le hayan advertido que detrás de esta propuesta hay un mercado de alrededor de 30 mil millones de pesos. No sé si quienes evaluaron la propuesta no saben de los poderosos intereses que están presionando para que pase esta iniciativa.
Si no es así, deberían enterarse, además, de que un esquema como el que proponen sería aún más perverso que el del Seguro Popular, en el cual las compras diferenciadas en las entidades han llevado a un incremento de casi el 30% en un año en diversos medicamentos del cuadro básico, y que son las entidades con menos recursos las que más están pagando y peores esquemas de compra están logrando construir.
¿No le advirtieron a la Señora Paredes de las dificultades técnicas que hay en un proyecto así? ¿Qué van a hacer? ¿Incorporar recetas con chip para evitar su falsificación? ¿Y el costo del envasado de las medicinas que se distribuyen en las farmacias privadas, quién lo va a absorber?, además de un largo etcétera que aún cuando se tratase de una mera cuestión técnica, tendría implicaciones sociales y presupuestales peores a las de llevar a cabo una reforma integral de la seguridad social.
Lo que está en el fondo de esta discusión es el país que queremos construir y el PRI, por lo que puede juzgarse en los temas sociales, le ha dado la espalda a los principios que dice defender y que no deberían ser otros, al menos por congruencia histórica, sino los postulados de la Revolución Mexicana.
Es ominoso que a unos días del Centenario de nuestra Revolución, el PRI intente dar un albazo de este tipo, del lado del peor aliado que puede tener en términos de declaración de principios, ideología y valores.
En función de esa conmemoración, el PRI debería estar más preocupado por los 30 mil muertos por desnutrición que van en este sexenio; por los 50 millones de pobres que hay, 11 de los cuales son saldo de la actual administración panista; por los 2.5 millones de desempleados que hay en México, y por los más de 2.7 millones de niños que trabajan.
La reforma a la seguridad social que nos falta debería buscar que el 62% de la población que no tiene cobertura, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Seguridad Social, 2009, pueda acceder a servicios integrales de salud, independientemente de su condición laboral.
Por éstas y por muchas otras razones, la dirigente nacional del PRI se equivoca, porque al avalar el intento de votación de la iniciativa sobre los “vales de medicinas” del Partido Verde, se pone del lado de las peores políticas de derecha que hay en el mundo. Si no lo creen, que volteen a ver lo que está pasando en París.
domingo, 17 de octubre de 2010
La irracional política mexicana. Periódico La Crónica
Saúl Arellano
Opinión. Domingo ,17 de Octubre, 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=538523
Opinión. Domingo ,17 de Octubre, 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=538523
El lenguaje revela las mentalidades de las personas; a través de las palabras de que se sirven puede descubrirse si se trata de seres megalómanos, autoritarios, violentos, manipuladores, mentirosos o cínicos.
Hay un fenómeno inverso al mencionado y se genera cuando las personas no se sirven de la palabra, sino que deciden servirle, volverse sus custodios y en una relación profundamente íntima, se convierten en quienes pueden arrojar claridad ética sobre lo que ocurre en nuestra sociedad.
En la política mexicana hacen falta personas así. Se ha mostrado en múltiples ocasiones la infinita ignorancia de la mayoría de los políticos mexicanos; y que conste que no se trata de que anden recitando libros o poemas, sino que tengan la capacidad de procesar la complejidad de nuestros tiempos.
Es preocupante que nuestra clase política esté caracterizada por la irracionalidad. En términos generales, han convertido a la disputa electoral en un juego de mezquindades, apegándose en todos los casos a los más cínicos pragmatismos; de las propuestas, programas y proyecto de país no hay quien se acuerde.
Muestra de lo anterior son las plataformas político-electorales de todos los candidatos en todos los partidos; la construcción de los documentos que se registran ante los órganos electorales se han convertido en el gran negocio de consultorías y despachos que cobran cientos de miles de pesos por “refritos” en los que en ocasiones incluso repiten el nombre de municipios o entidades en que previamente trabajaron.
La ausencia de ideología, en el sentido más estricto del término, es un riesgo mayor para nuestro país, porque entonces todo se queda en la lógica de la racionalidad ramplona de quienes defienden, por ejemplo, que las alianzas entre izquierda y derecha son “exitosas” simplemente porque obtienen victorias electorales.
El problema de posiciones así consiste en asignarle un sentido o significado político al concepto de “éxito”. Hacerlo constituye un despropósito teórico y una muestra más de la irracionalidad en que se desarrolla el análisis de lo que está ocurriendo en nuestro atribulado país.
Nuestra política ha “vaciado” al lenguaje. Hoy da lo mismo hablar de seguridad social, derechos humanos, combate a la pobreza, educación, libertad, seguridad pública, equidad, etcétera. Y esto demuestra que no hay políticos que tengan una claridad conceptual de qué es lo que están diciendo u ofreciendo a la ciudadanía. Se trata, a final de cuentas, de hacer “discursos bonitos”.
En el extremo están personajes que como Vicente Fox tiene por costumbre ejercitar la estulticia hasta el paroxismo. En la misma categoría está el gobernador de Jalisco, Jorge Emilio González Márquez, sinónimo del conservadurismo extremo y de una intolerancia propia de un troglodita.
Por su parte, el secretario de Desarrollo Social sostiene públicamente que él “juega póquer con cartas abiertas”. Más allá de que se trata de una figura o un intento de metáfora, es inaceptable que un Secretario de Estado se conciba a sí mismo como un tahúr; porque hasta donde yo recuerdo, en el póquer el que gana, gana todo, y deja en la ruina a los demás.
Hay otros ejemplos que esconden con sutileza el carácter autoritario de los políticos; el más grave es el del Presidente de la República, quien un día le endilga a su adversario la categoría de ser “un peligro para México”, y días se llena la boca con un discurso en el que apela a la tolerancia y al respeto a las diferencias.
La ligereza con que nuestros políticos hablan debe ser un motivo de preocupación para los ciudadanos. No podemos permitir continuar siendo gobernados por entes iletrados que no son capaces de transmitir con claridad sus ideas y mucho menos, podemos conformarnos a que nuestro futuro siga en manos de cínicos irresponsables que lo único que están buscando es enriquecerse a costa del bienestar de la mayoría.
Es momento de que los ciudadanos nos arriesguemos a “ir más allá”; de asumir que nuestro país requiere de los ciudadanos de todo lo que se tiene; en voz del filósofo Finkielkraut: “de todo un dinero ganado miserablemente, todo un dinero de pobre y de miserable, todo un dinero de gentes humildes, de miseria y de pobreza; todo el tiempo, toda la vida, toda la carrera, toda la salud… la ruina del cuerpo, todas las ruinas, la ruptura del corazón… toda la vida social. Toda la vida del corazón, en fin, de todo”.
Lo irracional de la política mexicana está en su pragmatismo y en su renuncia a la emoción social para servir a los demás, con entrega y con todas las capacidades de que se dispone. Y me atrevo a sostener que en gran medida, esa carencia está determinada por su incapacidad de comprometerse con lo mejor del espíritu humano; con lo mejor del lenguaje y con el coraje de intentar comprender la complejidad e intentar transformarla.
Necesitamos políticos que, parafraseando a otro gran filósofo, François Michelet, tengan el arrojo de salir al encuentro del país desde una “visión apasionada, desde miradas nuevas, animadas, ardientes” como se mira pues, “bajo la primera atracción del amor”.
sábado, 9 de octubre de 2010
Los ciudadanos y los medios. Periódico La Crónica
Saúl Arellano | Opinión
Domingo 10 de Octubre, 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=537067
Tenemos en México una extraña tendencia hacia la autoflagelación. Cuando hablamos de nuestros males nacionales, las generalizaciones fluyen y el argumento del “todo está mal y nadie hace nada” se pronuncia casi siempre en tono doctoral.
También se encuentra la idea extendida de que los mexicanos somos como los cangrejos: “cuando alguien intenta salir de la cubeta, los de abajo lo jalan para que no lo logre”; y algo hay de cierto en esta aseveración. Es de uso corriente, por ejemplo, que a las niñas y niños que más estudian se les catalogue de “barberos”, “matados”, “nerds”, “extraños”, “desadaptados” y un largo etcétera.
Empero, frente a estas ideas vale la pena preguntar: ¿de verdad no tenemos remedio los mexicanos? ¿De verdad nada se hace y todos somos una horda de trogloditas que no tenemos la capacidad de ser solidarios?
Hay evidencia de que las cosas no son así; hace poco se conmemoró un aniversario más del terrible sismo de 1985, y además de la tragedia, lo que más se recuerda es el valor y el arrojo de una sociedad que desbordó al gobierno en inteligencia, acción y compromiso con los afectados.
Así también, cada que hay un huracán o cualquier otro desastre natural, la gente se vuelca a los centros de acopio y se muestra solidaria con nuestros hermanos en desgracia. Y aún más, en casos como el terremoto de Haití, fue el pueblo mexicano uno de los que más ayuda aportaron al grado de que una vez más, desbordaron las capacidades de las autoridades para recibir adecuadamente la ayuda entregada por millones de personas.
Somos un gran país atribulado por muchos problemas, no hay duda; pero soy de los que nos resistimos a creer que nada puede hacerse y que lo poco que pueda conseguirse con la acción ciudadana no tiene sentido ni impactos positivos.
Por eso es importante destacar la nueva tendencia que se ha generado, desde la cual se han construido nuevas alianzas entre la sociedad civil y los medios de comunicación. Esta nueva forma de inteligencia social es muy importante y debe potenciarse. Y en ese sentido, es una gran noticia que los medios tengan cada vez más autonomía y que se pongan cada vez más del lado de la sociedad, cumpliendo con ello la tarea fundamental que les asigna la Constitución y nuestras leyes.
El Premio La Crónica que se otorgará el próximo día 13 de octubre es un ejemplo de esto que aquí se habla. Una iniciativa que surge para reconocer a destacadas mexicanas y mexicanos sin mayor propósito que destacar mucho de lo mejor que tenemos, y mostrarnos que México sí tiene futuro y que en nuestro país sí hay muchas cosas que se están construyendo y logrando a pesar del Gobierno y de los políticos.
La mayor lección que podemos obtener de este tipo de iniciativas es que si los ciudadanos y los medios podemos ir de la mano en la brega por un país más justo y generoso, podremos resistir todo lo que venga y vamos a construir muy rápido una verdadera democracia que no esté atrapada por las perversas lógicas de poder en que hoy se encuentra.
Una de las virtudes de mayor calado que nos enseñaron nuestros abuelos es la de la generosidad. Palabra hermosa que es definida por la Real Academia de la Lengua como “nobleza heredada de nuestros mayores”, pero también como la “propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés”.
Esto es justamente lo que va a poner en práctica La Crónica con el otorgamiento de este premio, y lo deseable es que más medios pudieran retomar la iniciativa y que se generase —¿por qué no?— una sana competencia en el ánimo de convertirse en quien mejor puede reconocer a los mexicanos ejemplares que están dando su tiempo, talento y a veces hasta su proyecto de vida, para construir una nación más justa.
México puede ser un país más bonito. Uno en el que la mayoría podamos actuar en libertad y realizar nuestros proyectos de vida. Podemos ser un país con acceso a más educación, con menos violencia, con mejor salud, con menos corrupción, con mayor equidad social.
Se trata de convencernos a nosotros mismos que no es por la vía de la queja permanente como vamos a transformarnos en un mejor país. Antes bien, lo importante es saber que el cambio, más allá de los lugares comunes, podemos comenzarlo cada quien desde nuestros espacios: siendo mejores estudiantes, mejores padres, mejores hijos, mejores ciudadanos.
No podemos merecer un mayor bienestar si no luchamos por él. Dice Silvio Rodríguez en una de sus canciones, que la libertad sólo es visible para quien la labra; y es el momento de darnos cuenta que nadie, sino nosotros mismos, va a otorgarnos aquello que no exijamos y aquello que no estemos dispuestos a construir.
México es cuna de personas ejemplares y de movimientos históricos de alcance mundial, y es hora de asumir el valor de reconocernos y de ser generosos unos con otros. Enhorabuena por La Crónica y por esta importante iniciativa.
Domingo 10 de Octubre, 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=537067
Tenemos en México una extraña tendencia hacia la autoflagelación. Cuando hablamos de nuestros males nacionales, las generalizaciones fluyen y el argumento del “todo está mal y nadie hace nada” se pronuncia casi siempre en tono doctoral.
También se encuentra la idea extendida de que los mexicanos somos como los cangrejos: “cuando alguien intenta salir de la cubeta, los de abajo lo jalan para que no lo logre”; y algo hay de cierto en esta aseveración. Es de uso corriente, por ejemplo, que a las niñas y niños que más estudian se les catalogue de “barberos”, “matados”, “nerds”, “extraños”, “desadaptados” y un largo etcétera.
Empero, frente a estas ideas vale la pena preguntar: ¿de verdad no tenemos remedio los mexicanos? ¿De verdad nada se hace y todos somos una horda de trogloditas que no tenemos la capacidad de ser solidarios?
Hay evidencia de que las cosas no son así; hace poco se conmemoró un aniversario más del terrible sismo de 1985, y además de la tragedia, lo que más se recuerda es el valor y el arrojo de una sociedad que desbordó al gobierno en inteligencia, acción y compromiso con los afectados.
Así también, cada que hay un huracán o cualquier otro desastre natural, la gente se vuelca a los centros de acopio y se muestra solidaria con nuestros hermanos en desgracia. Y aún más, en casos como el terremoto de Haití, fue el pueblo mexicano uno de los que más ayuda aportaron al grado de que una vez más, desbordaron las capacidades de las autoridades para recibir adecuadamente la ayuda entregada por millones de personas.
Somos un gran país atribulado por muchos problemas, no hay duda; pero soy de los que nos resistimos a creer que nada puede hacerse y que lo poco que pueda conseguirse con la acción ciudadana no tiene sentido ni impactos positivos.
Por eso es importante destacar la nueva tendencia que se ha generado, desde la cual se han construido nuevas alianzas entre la sociedad civil y los medios de comunicación. Esta nueva forma de inteligencia social es muy importante y debe potenciarse. Y en ese sentido, es una gran noticia que los medios tengan cada vez más autonomía y que se pongan cada vez más del lado de la sociedad, cumpliendo con ello la tarea fundamental que les asigna la Constitución y nuestras leyes.
El Premio La Crónica que se otorgará el próximo día 13 de octubre es un ejemplo de esto que aquí se habla. Una iniciativa que surge para reconocer a destacadas mexicanas y mexicanos sin mayor propósito que destacar mucho de lo mejor que tenemos, y mostrarnos que México sí tiene futuro y que en nuestro país sí hay muchas cosas que se están construyendo y logrando a pesar del Gobierno y de los políticos.
La mayor lección que podemos obtener de este tipo de iniciativas es que si los ciudadanos y los medios podemos ir de la mano en la brega por un país más justo y generoso, podremos resistir todo lo que venga y vamos a construir muy rápido una verdadera democracia que no esté atrapada por las perversas lógicas de poder en que hoy se encuentra.
Una de las virtudes de mayor calado que nos enseñaron nuestros abuelos es la de la generosidad. Palabra hermosa que es definida por la Real Academia de la Lengua como “nobleza heredada de nuestros mayores”, pero también como la “propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés”.
Esto es justamente lo que va a poner en práctica La Crónica con el otorgamiento de este premio, y lo deseable es que más medios pudieran retomar la iniciativa y que se generase —¿por qué no?— una sana competencia en el ánimo de convertirse en quien mejor puede reconocer a los mexicanos ejemplares que están dando su tiempo, talento y a veces hasta su proyecto de vida, para construir una nación más justa.
México puede ser un país más bonito. Uno en el que la mayoría podamos actuar en libertad y realizar nuestros proyectos de vida. Podemos ser un país con acceso a más educación, con menos violencia, con mejor salud, con menos corrupción, con mayor equidad social.
Se trata de convencernos a nosotros mismos que no es por la vía de la queja permanente como vamos a transformarnos en un mejor país. Antes bien, lo importante es saber que el cambio, más allá de los lugares comunes, podemos comenzarlo cada quien desde nuestros espacios: siendo mejores estudiantes, mejores padres, mejores hijos, mejores ciudadanos.
No podemos merecer un mayor bienestar si no luchamos por él. Dice Silvio Rodríguez en una de sus canciones, que la libertad sólo es visible para quien la labra; y es el momento de darnos cuenta que nadie, sino nosotros mismos, va a otorgarnos aquello que no exijamos y aquello que no estemos dispuestos a construir.
México es cuna de personas ejemplares y de movimientos históricos de alcance mundial, y es hora de asumir el valor de reconocernos y de ser generosos unos con otros. Enhorabuena por La Crónica y por esta importante iniciativa.
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