Saúl Arellano. Opinión
Domingo 12 de Dic., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=549598
Lo ocurrido esta semana en Apatzingán y Morelia, en el estado de Michoacán, constituye no ya un punto de inflexión, sino de quiebre en la estrategia de seguridad pública en el país.
En los últimos años se ha dado un intenso debate en torno a si la estrategia de combate al crimen organizado es la adecuada, y justamente en esa forma de plantear el problema se encuentra el fracaso anticipado del desarrollo de las estrategias.
El gobierno de Calderón se equivocó desde el inicio de su mandato al haber asumido que la estrategia nacional de seguridad pública debía reducirse al combate al narcotráfico; así, sin diagnóstico adecuado, sin una estructura de inteligencia y peor aún, sin consenso con todas las fuerzas políticas, el Ejecutivo nos sumió en una absurda espiral de violencia sin precedentes.
Hacer de la lucha contra el crimen organizado una bandera política es el mayor error que haya cometido Calderón en su administración. Intentar construir con las armas la legitimidad que no obtuvo en las urnas le va a costar el fracaso de su sexenio, como ya comienza a percibirse no sólo en los círculos críticos, sino en el ánimo generalizado de desesperanza de la ciudadanía.
La estrategia de seguridad pública debió plantearse como un problema de cohesión social, y no exclusivamente delincuencial. Al crimen del orden común y al organizado se le combate también con educación, solidaridad, empleos dignos, proyecto de desarrollo, y no sólo con balas que terminan asesinando a criminales, pero también a niñas y niños inocentes como ha ocurrido a lo largo y ancho del país.
Se ha llegado al absurdo de medir la eficacia de la guerra que estamos viviendo en términos del número de “bajas” de uno u otro bando, e insistiendo en los comunicados oficiales que los muertos, en su inmensa mayoría, son delincuentes; como si eso redujera la barbarie que implica asumir que es positivo matar, aun cuando se trate del peor de los líderes de las bandas delincuenciales.
El debate nacional que debiera asumirse no es si la estrategia de guerra que se sigue es la adecuada; es que nunca debimos llegar a tal situación. La guerra, decía Tzun Tzu, es en todo caso un grave error; pero es peor no estar preparado para cuando ésta acecha; y eso es precisamente lo que ocurrió en México.
Calderón y sus asesores se han equivocado en casi todo en este aspecto. Por ejemplo, más allá del debate de la legalización de las drogas, lo que debió generarse era una intensa estrategia de prevención y reducción de las adicciones. Abatir el consumo significa abatir la oferta y con ello disminuir las capacidades de los criminales.
Al contrario de esto, la última Encuesta Nacional de Adicciones revela que en los últimos cinco años el consumo de mariguana y cocaína creció exponencialmente; que el abuso del alcohol también se disparó y que se redujo significativamente la edad de inicio en el consumo de todas las drogas.
La Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo muestra que más del 60% de las jóvenes en México han sufrido violencia durante el noviazgo. La Encuesta Nacional de Discriminación, Intolerancia y Violencia en Educación Media Superior indica que más del 70% de los jóvenes mexicanos vive con altos niveles de estrés; y el más reciente estudio de Unicef sobre violencia en la educación básica nos muestra un panorama desolador de agresión y violencia desde la niñez.
Calderón ha intentado explicar su estrategia de combate a la impunidad y la corrupción —el otro cáncer asociado a la delincuencia—, sosteniendo que “las escaleras se barren de arriba hacia abajo”. El problema es asumir que hay que barrer cuando la casa está en llamas y en camino de derrumbarse.
Delitos como el de la trata de personas presentan un índice de impunidad de prácticamente el 100%; del total de los delincuentes detenidos, por cualquier delito, en menos del 15% de los casos los procesos judiciales llegan a las últimas instancias; mientras que casi uno de cada nueve delitos no son denunciados debido a la percepción generalizada en torno a que la autoridad es corrupta o ineficaz.
El Presidente está profundamente equivocado; ha abierto numerosos frentes que antes de beneficiarle, le han ganado animadversiones incluso en grupos que hace seis meses mostraban lealtad hasta la ignominia.
Cada vez más solo, Calderón comenzará sentir el agotamiento del poder, y dado su carácter explosivo, puede tomar decisiones extremas, erróneas y contrarias a toda vocación democrática y decidida a proteger los derechos humanos a costa de lo que sea.
El peor error que puede cometer el Presidente es seguir con su estrategia de polarización social, sobre todo porque la violencia criminal que se vive por todas partes está derivando muy rápidamente en violencia política.
Si el asesinato del candidato a gobernador en Tamaulipas y del ex gobernador de Colima en este 2010 no son alarmas suficientes, entonces quiere decir que, peligrosamente, al Presidente no le importa conducirnos a una violencia extrema, escenario que resulta a veces impensable, pero cuyas dimensiones deben exigirnos asumir que la violencia significa llanamente el fracaso de todos.
domingo, 12 de diciembre de 2010
domingo, 5 de diciembre de 2010
La Presidencia autista y su fábrica de pobres. Periódico La Crónica de Hoy
Saúl Arellano. Opinión. Domingo 5 de Dic., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=548199
El autismo es definido como un síntoma esquizofrénico que consiste en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor. Después de haber escuchado las dos partes de la entrevista que el licenciado Felipe Calderón otorgó esta semana al noticiario que conduce Joaquín López Dóriga, queda una profunda duda en torno a si el titular del Ejecutivo está afectado por este síntoma.
El repliegue del discurso presidencial sobre sí mismo denota no sólo una peligrosa incapacidad de crítica, sino la ruta hacia un autoritarismo riesgoso que debe alertarnos sobre posibles tentaciones marcadas por el odio, en este caso equivocadamente asumido como exclusivamente contra el PRI, pues en realidad el Presidente enfurece y arremete en contra de todo aquel que no le acepta con sumisión.
Cuando un Presidente está rodeado mayoritariamente de incapaces, como es el caso, el cerco ante la crítica se hace cada vez mayor, generando un círculo vicioso en el que la institución presidencial se ve incapacitada para tomar decisiones sustentadas en información proveniente de múltiples voces, incluidas sobre todo las del disenso.
La cantaleta de la creación de empleos que el Presidente recita una y otra vez como si se tratase de un mantra, no es sino la manifestación más grave —ofensiva para la ciudadanía— de la incapacidad de reconocer que las cosas están muy mal. Es cierto que se han creado casi un millón de empleos, pero éstos apenas van a alcanzar para reponer los que se perdieron durante la crisis; es decir, en el mejor de los casos, estamos en condiciones similares a las que había en 2008, año en el que las cosas ya estaban en medio de un “incendio económico” caracterizado por una lógica de “no crecimiento”.
Ante la cerrazón de la Presidencia, esta semana la Cepal dejó de manifiesto el nivel de la catástrofe generado por el calderonato: a diferencia de lo que ocurrió en América Latina en los últimos dos años en México la pobreza creció; amén de que nuestro gasto social, como porcentaje del PIB, apenas se sitúa en el mismo nivel que el de Nicaragua.
El Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval) estimó en 2008 que en México había un 44.2% de pobres. El problema es que el cálculo se hizo con base en la consideración de que éramos 107 millones de habitantes. Hoy que conocemos los datos preliminares del Censo 2010, las cifras son de verdad terroríficas. Si tenemos 112.32 millones de habitantes, y la pobreza alcanza (como indican estimaciones independientes) a un 47.2% de la población, el número de pobres sería de 53 millones.
Lo sorprendente se encuentra no sólo en la magnitud del dato, sino ante todo en la magnitud del silencio de la Secretaría de Desarrollo Social, desde donde su titular, Heriberto Félix Guerra, no ha tenido al menos el “detalle”, de explicarnos qué va a hacer la dependencia a su cargo para revertir estas condiciones.
Lo inaceptable del caso es que la respuesta provenga de la Subsecretaría de Prospectiva y Planeación de la Sedesol, la cual, en voz de su titular, nos regala una joya discursiva que no tiene desperdicio. Dice Marco Antonio Paz Pellat: en el Comunicado número 180 de la Sedesol, fechado el 2 de diciembre: “Yo tengo una gran confianza en que vamos a revertir los números y, sobre todo, que ya nos pusimos como fecha el 2015; en cinco años queremos abolir la pobreza alimentaria y a partir de enero del 2011 vamos a lanzar un gran paquete, junto con los bancos de alimentos, sociedad civil y fundaciones altruistas, para abolir la pobreza alimentaria”.
Al respecto, vale la pena señalar que como en toda noticia, hay tres aspectos: el bueno es que al menos “ya se pusieron como fecha el 2015” para acabar con la pobreza. El malo es que esa fecha debió asumirse con seriedad desde que se firmaron los Objetivos del Desarrollo del Milenio, porque ahí se establece que en 2015 México debía haber abatido el hambre y reducido a la mitad el número de pobres; y el peor, el hecho de que es altamente improbable que el Subsecretario siga en su cargo en el 2015 para que pueda darnos cuentas sobre los resultados de su nuevo “gran paquete”.
Para colmo, es de llamar la atención que en el Congreso, la Comisión de Desarrollo Social no haya tenido la iniciativa de llamar a cuentas al titular de la Sedesol para que explique por qué no hay un replanteamiento de la política social en su conjunto.
El autismo social de la Presidencia y su fábrica de pobres, consiste en seguir viendo sólo “hacia adentro”, y con base en tal visión, asumir que con “un gran paquete” se va a “abolir” la pobreza. Abolir significa: “Derogar, dejar sin vigencia una ley o precepto”. Ergo, el Gobierno piensa que la pobreza se puede erradicar por Decreto.
Si Calderón sigue escuchando sólo a los suyos, va a seguir polarizando al país y lo más grave: va a seguir conduciéndonos a la ruina, lo cual además de injusto, resulta infinitamente irresponsable.
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=548199
El autismo es definido como un síntoma esquizofrénico que consiste en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor. Después de haber escuchado las dos partes de la entrevista que el licenciado Felipe Calderón otorgó esta semana al noticiario que conduce Joaquín López Dóriga, queda una profunda duda en torno a si el titular del Ejecutivo está afectado por este síntoma.
El repliegue del discurso presidencial sobre sí mismo denota no sólo una peligrosa incapacidad de crítica, sino la ruta hacia un autoritarismo riesgoso que debe alertarnos sobre posibles tentaciones marcadas por el odio, en este caso equivocadamente asumido como exclusivamente contra el PRI, pues en realidad el Presidente enfurece y arremete en contra de todo aquel que no le acepta con sumisión.
Cuando un Presidente está rodeado mayoritariamente de incapaces, como es el caso, el cerco ante la crítica se hace cada vez mayor, generando un círculo vicioso en el que la institución presidencial se ve incapacitada para tomar decisiones sustentadas en información proveniente de múltiples voces, incluidas sobre todo las del disenso.
La cantaleta de la creación de empleos que el Presidente recita una y otra vez como si se tratase de un mantra, no es sino la manifestación más grave —ofensiva para la ciudadanía— de la incapacidad de reconocer que las cosas están muy mal. Es cierto que se han creado casi un millón de empleos, pero éstos apenas van a alcanzar para reponer los que se perdieron durante la crisis; es decir, en el mejor de los casos, estamos en condiciones similares a las que había en 2008, año en el que las cosas ya estaban en medio de un “incendio económico” caracterizado por una lógica de “no crecimiento”.
Ante la cerrazón de la Presidencia, esta semana la Cepal dejó de manifiesto el nivel de la catástrofe generado por el calderonato: a diferencia de lo que ocurrió en América Latina en los últimos dos años en México la pobreza creció; amén de que nuestro gasto social, como porcentaje del PIB, apenas se sitúa en el mismo nivel que el de Nicaragua.
El Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval) estimó en 2008 que en México había un 44.2% de pobres. El problema es que el cálculo se hizo con base en la consideración de que éramos 107 millones de habitantes. Hoy que conocemos los datos preliminares del Censo 2010, las cifras son de verdad terroríficas. Si tenemos 112.32 millones de habitantes, y la pobreza alcanza (como indican estimaciones independientes) a un 47.2% de la población, el número de pobres sería de 53 millones.
Lo sorprendente se encuentra no sólo en la magnitud del dato, sino ante todo en la magnitud del silencio de la Secretaría de Desarrollo Social, desde donde su titular, Heriberto Félix Guerra, no ha tenido al menos el “detalle”, de explicarnos qué va a hacer la dependencia a su cargo para revertir estas condiciones.
Lo inaceptable del caso es que la respuesta provenga de la Subsecretaría de Prospectiva y Planeación de la Sedesol, la cual, en voz de su titular, nos regala una joya discursiva que no tiene desperdicio. Dice Marco Antonio Paz Pellat: en el Comunicado número 180 de la Sedesol, fechado el 2 de diciembre: “Yo tengo una gran confianza en que vamos a revertir los números y, sobre todo, que ya nos pusimos como fecha el 2015; en cinco años queremos abolir la pobreza alimentaria y a partir de enero del 2011 vamos a lanzar un gran paquete, junto con los bancos de alimentos, sociedad civil y fundaciones altruistas, para abolir la pobreza alimentaria”.
Al respecto, vale la pena señalar que como en toda noticia, hay tres aspectos: el bueno es que al menos “ya se pusieron como fecha el 2015” para acabar con la pobreza. El malo es que esa fecha debió asumirse con seriedad desde que se firmaron los Objetivos del Desarrollo del Milenio, porque ahí se establece que en 2015 México debía haber abatido el hambre y reducido a la mitad el número de pobres; y el peor, el hecho de que es altamente improbable que el Subsecretario siga en su cargo en el 2015 para que pueda darnos cuentas sobre los resultados de su nuevo “gran paquete”.
Para colmo, es de llamar la atención que en el Congreso, la Comisión de Desarrollo Social no haya tenido la iniciativa de llamar a cuentas al titular de la Sedesol para que explique por qué no hay un replanteamiento de la política social en su conjunto.
El autismo social de la Presidencia y su fábrica de pobres, consiste en seguir viendo sólo “hacia adentro”, y con base en tal visión, asumir que con “un gran paquete” se va a “abolir” la pobreza. Abolir significa: “Derogar, dejar sin vigencia una ley o precepto”. Ergo, el Gobierno piensa que la pobreza se puede erradicar por Decreto.
Si Calderón sigue escuchando sólo a los suyos, va a seguir polarizando al país y lo más grave: va a seguir conduciéndonos a la ruina, lo cual además de injusto, resulta infinitamente irresponsable.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Los costos de un gobierno mojigato. Periódico La Crónica de Hoy
Saúl Arellano, Opinión
Domingo 28 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=546782
Los resultados preliminares del Censo de Población y Vivienda 2010 deben encender las luces de alarma para los gobiernos en todos sus niveles y órdenes. En primer lugar, deberían llevar a un inmediato replanteamiento del Presupuesto de Egresos de la Federación, y plantear las reasignaciones requeridas para garantizar el adecuado cumplimiento de los derechos sociales de toda la población.
La cuestión es tan grave que debería provocar, desde una posición de responsabilidad pública, la revisión integral de los principales programas sociales, así como la reconfiguración de la planeación del desarrollo nacional y del sistema de políticas públicas, que además de encontrarse atrapadas en una
indeseable inercia, han resultado a todas luces ineficaces en lo que a generación de bienestar y equidad se refiere.
El hecho de que el Censo nos dé información respecto a que en México somos ya 112.32 millones de habitantes, es la mayor muestra de la infinita irresponsabilidad en la que el Gobierno de Felipe Calderón ha incurrido en los últimos años al debilitar y fracturar las políticas de cumplimiento de los
derechos sexuales y reproductivos de la población.
La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID 2009), había alertado del inmenso grado de insuficiencia de los servicios de atención a la salud reproductiva, principalmente de mujeres entre los 15 y los 49 años, y de los adolescentes y jóvenes en general.
Aunado a ello, la complicidad de los gobiernos priistas haciendo el juego a los grupos conservadores de poder que han presionado a lo largo de país para impulsar una nueva oleada de políticas regresivas, en lo que a salud reproductiva se refiere, nos sitúa hoy en una circunstancia límite en la que tendrán que replantearse todas las metas y objetivos que se habían considerado en los últimos años.
Todos los promedios nacionales en las áreas clave del desarrollo que se habían considerado tendrán que someterse a revisión. Por ejemplo, si el porcentaje de analfabetismo en mayores de 15 años se consideraba en 7.6% en 2009, y este indicador implicaba una suma de 5.85 millones de personas, con los nuevos datos del Censo tendría que considerarse que el número absoluto de analfabetas es superior a los 6.5 millones de personas.
Asimismo, si se consideraba que el número de personas en rezago educativo era de 33.4 millones de personas, en el 2010 la cifra, manteniendo el porcentaje estimado del INEA, podría llegar a 35 millones o más.
Otro ejemplo: en 2009 se consideraba que el porcentaje de mujeres de 15 a 19 años que habían tenido al menos un hijo nacido vivo era de 12.7%; este porcentaje implicaba que en ese año había al menos 5.26 millones de madres adolescentes. Considerando las nuevas cifras, el nuevo número podría situarse en 5.8 o quizá seis millones de madres menores de 19 años.
Pensemos ahora en el número de pobres. Coneval estimó que en el 2008 habría un 44.2% de la población en condiciones de pobreza, lo que implicaba un total de 47.2 millones de personas, tomando como base el dato de poco más de 107 millones de habitantes; ahora, considerando el necesario ajuste de población que debería hacerse, manteniendo el mismo porcentaje, la cantidad de pobres sería cercana a los 50 millones.
Sin embargo, los expertos señalan que debido a los efectos de la crisis y al desempleo prolongado (la tasa de desempleo para octubre se estimó en 5.7% de la PEA, superior al del mes anterior), el porcentaje de pobres podría haber aumentado a 46 ó 47% de la población, con lo que en 2010 tendríamos al menos 52.7 millones de pobres y alrededor del 85% de la población vulnerable por carencia social, es decir 95.47 millones de habitantes vulnerables.
México no puede ni debe seguir atrapado en ideologías propias del Medioevo ni en una lógica de diseño de políticas públicas sustentada en visiones anquilosadas de la sexualidad y sobre todo, contrarias a una noción respetuosa de los derechos humanos.
El hecho de que las principales instituciones responsables de garantizar los derechos sexuales y reproductivos de la población estén en manos de los más fieles herederos de Torquemada, representa un salto al vacío que pone en riesgo nuestras posibilidades y capacidades de desarrollo presente y futuro.
Alcanzar el bienestar para todos implica que nuestra política de población siga garantizando el derecho de toda persona a tener los hijos que considere pertinente, pero que al mismo tiempo pueda hacerlo con base en la responsabilidad.
La ENADID 2009 revela que sólo el 91.4% de las mujeres en edad reproductiva conocen algún método anticonceptivo; mientras que sólo el 49.9% era usuaria de alguno de ellos. Estos indicadores, a la luz de las nuevas cifras, nos hablan de la magnitud de los retos que tenemos que solventar, pero ya, si queremos tener mejores perspectivas de bienestar en el siglo XXI.
112 millones de habitantes representan un reto gigantesco —dato que por lo demás nos sitúa muy cerca de ser el 10º país más poblado del planeta. Si no actuamos con responsabilidad con respecto a lo que esto implica, el futuro cercano comenzará a cobrarnos facturas, que está en duda si podremos saldar.
Domingo 28 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=546782
Los resultados preliminares del Censo de Población y Vivienda 2010 deben encender las luces de alarma para los gobiernos en todos sus niveles y órdenes. En primer lugar, deberían llevar a un inmediato replanteamiento del Presupuesto de Egresos de la Federación, y plantear las reasignaciones requeridas para garantizar el adecuado cumplimiento de los derechos sociales de toda la población.
La cuestión es tan grave que debería provocar, desde una posición de responsabilidad pública, la revisión integral de los principales programas sociales, así como la reconfiguración de la planeación del desarrollo nacional y del sistema de políticas públicas, que además de encontrarse atrapadas en una
indeseable inercia, han resultado a todas luces ineficaces en lo que a generación de bienestar y equidad se refiere.
El hecho de que el Censo nos dé información respecto a que en México somos ya 112.32 millones de habitantes, es la mayor muestra de la infinita irresponsabilidad en la que el Gobierno de Felipe Calderón ha incurrido en los últimos años al debilitar y fracturar las políticas de cumplimiento de los
derechos sexuales y reproductivos de la población.
La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID 2009), había alertado del inmenso grado de insuficiencia de los servicios de atención a la salud reproductiva, principalmente de mujeres entre los 15 y los 49 años, y de los adolescentes y jóvenes en general.
Aunado a ello, la complicidad de los gobiernos priistas haciendo el juego a los grupos conservadores de poder que han presionado a lo largo de país para impulsar una nueva oleada de políticas regresivas, en lo que a salud reproductiva se refiere, nos sitúa hoy en una circunstancia límite en la que tendrán que replantearse todas las metas y objetivos que se habían considerado en los últimos años.
Todos los promedios nacionales en las áreas clave del desarrollo que se habían considerado tendrán que someterse a revisión. Por ejemplo, si el porcentaje de analfabetismo en mayores de 15 años se consideraba en 7.6% en 2009, y este indicador implicaba una suma de 5.85 millones de personas, con los nuevos datos del Censo tendría que considerarse que el número absoluto de analfabetas es superior a los 6.5 millones de personas.
Asimismo, si se consideraba que el número de personas en rezago educativo era de 33.4 millones de personas, en el 2010 la cifra, manteniendo el porcentaje estimado del INEA, podría llegar a 35 millones o más.
Otro ejemplo: en 2009 se consideraba que el porcentaje de mujeres de 15 a 19 años que habían tenido al menos un hijo nacido vivo era de 12.7%; este porcentaje implicaba que en ese año había al menos 5.26 millones de madres adolescentes. Considerando las nuevas cifras, el nuevo número podría situarse en 5.8 o quizá seis millones de madres menores de 19 años.
Pensemos ahora en el número de pobres. Coneval estimó que en el 2008 habría un 44.2% de la población en condiciones de pobreza, lo que implicaba un total de 47.2 millones de personas, tomando como base el dato de poco más de 107 millones de habitantes; ahora, considerando el necesario ajuste de población que debería hacerse, manteniendo el mismo porcentaje, la cantidad de pobres sería cercana a los 50 millones.
Sin embargo, los expertos señalan que debido a los efectos de la crisis y al desempleo prolongado (la tasa de desempleo para octubre se estimó en 5.7% de la PEA, superior al del mes anterior), el porcentaje de pobres podría haber aumentado a 46 ó 47% de la población, con lo que en 2010 tendríamos al menos 52.7 millones de pobres y alrededor del 85% de la población vulnerable por carencia social, es decir 95.47 millones de habitantes vulnerables.
México no puede ni debe seguir atrapado en ideologías propias del Medioevo ni en una lógica de diseño de políticas públicas sustentada en visiones anquilosadas de la sexualidad y sobre todo, contrarias a una noción respetuosa de los derechos humanos.
El hecho de que las principales instituciones responsables de garantizar los derechos sexuales y reproductivos de la población estén en manos de los más fieles herederos de Torquemada, representa un salto al vacío que pone en riesgo nuestras posibilidades y capacidades de desarrollo presente y futuro.
Alcanzar el bienestar para todos implica que nuestra política de población siga garantizando el derecho de toda persona a tener los hijos que considere pertinente, pero que al mismo tiempo pueda hacerlo con base en la responsabilidad.
La ENADID 2009 revela que sólo el 91.4% de las mujeres en edad reproductiva conocen algún método anticonceptivo; mientras que sólo el 49.9% era usuaria de alguno de ellos. Estos indicadores, a la luz de las nuevas cifras, nos hablan de la magnitud de los retos que tenemos que solventar, pero ya, si queremos tener mejores perspectivas de bienestar en el siglo XXI.
112 millones de habitantes representan un reto gigantesco —dato que por lo demás nos sitúa muy cerca de ser el 10º país más poblado del planeta. Si no actuamos con responsabilidad con respecto a lo que esto implica, el futuro cercano comenzará a cobrarnos facturas, que está en duda si podremos saldar.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Urge que ya nos pongamos de acuerdo. Periódico La Crónica de Hoy
Saúl Arellano. Opinión
Domingo 21 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=545363
La polarización social se percibe en todos los espacios y ámbitos de la vida política, social y cultural de nuestro país. El desánimo cunde y el pesimismo se convierte en la actitud dominante de los principales actores y tomadores de decisiones en todos los niveles y órdenes.
El vacío de poder, que cada vez más parece no sólo ensancharse sino prohijarse desde Los Pinos, nos ha llevado a una profunda ausencia de liderazgo y de capacidad de conducción de un proyecto nacional capaz de cohesionar y de articular una serie de procesos virtuosos de mejoría constante y progresiva.
En todo el mundo, la crisis ha dejado una estela de confusión y desolación que, mientras que para nosotros se ha convertido en parálisis, en otras latitudes ha sido tomada con seriedad, madurez y con una enorme capacidad de diálogo y debate para la construcción de soluciones de corto y largo plazo.
Uno de estos ejemplos se encuentra en la llamada “Propuesta Transforma España”, impulsada por la Fundación Everis, una organización de la sociedad civil en aquél país, que tuvo la capacidad de convocar a cien destacadas personalidades, no sólo para debatir, sino para construir un documento de
propuesta de solución a los problemas más graves que enfrenta aquella nación.
Uno de los elementos que más llama la atención en el documento de 120 páginas, es el subtítulo: “Una visión optimista pero contundente de la sociedad civil de España”.
SI bien es cierto que no se puede copiar al calce lo que se está haciendo en otras regiones para enfrentar la crisis, lo es también el hecho de que podemos aprender lecciones sobre el método para dialogar en civilidad y construir propuestas viables para crecer y generar una economía dinámica, competitiva y diseñada para el bienestar.
El documento de la Fundación Everis se estructura desde una lógica de simplicidad que constituye precisamente su enorme fortaleza: ofrece una introducción; desarrolla con precisión un diagnóstico; y ofrece finalmente una propuesta de solución.
Al respecto vale la pena señalar que el diagnóstico que debe construirse para México debe tener el arrojo —la contundencia como lo señala la Fundación Everis—, de abordar temas que hasta ahora son tabú en nuestro país. Por ejemplo, la urgencia de defender a las organizaciones sindicales, pero simultáneamente garantizar que éstas sean democráticas y transparentes en el manejo de los
recursos.
Otro tema que debe abordarse es la urgencia de abrir el monopolio que ejercen los partidos políticos en el juego democrático, y abrir mecanismos y procedimientos de consulta y participación ciudadana, a fin no sólo de establecer en la Constitución figuras como el plebiscito, el referéndum y la Iniciativa Popular, que ya funcionan en distintas entidades de la República.
Al contrario de lo anterior, la falta de diálogo y la capacidad de consenso nos ha frenado en múltiples espacios y proyectos; uno de los casos más recientes y visibles, fue el de Atenco, en donde por un lado los machetes, y por el otro la necedad y la estulticia gubernamental, dislocaron el proyecto del nuevo
aeropuerto que urgía tanto no sólo para el Distrito Federal sino para el país.
Otro caso es el de la llamada Refinería del Bicentenario, proyecto en el que se provocó una insana competencia entre gobiernos estatales, y que derivó en una falta de acuerdo y consenso que aún hoy mantiene estancado, por la incapacidad del gobierno, el inicio de la construcción de esta mega obra.
En el estado de Guanajuato, el próximo 5 de diciembre, se llevará a cabo un plebiscito para determinar si la población aprueba o desaprueba un acuerdo del Ayuntamiento de la Ciudad, por el que se autorizó el cambio de uso de suelo de un predio, y en el que se tiene proyectado un desarrollo de cerca de cuatro mil empleos.
Una vez más, en este último caso, ha sido la falta de capacidad para acercar a las partes involucradas, y con base en el diálogo inteligente, generar soluciones colectivas compartidas, a fin de garantizar por un lado, que la viabilidad ecológica no se comprometa, pero que por otro puedan generarse alternativas de desarrollo económico que generen los empleos que tanto nos urgen para elevar el bienestar de la población.
La lección que podemos retomar del ejercicio realizado por la Fundación Everis es el reconocimiento de que España no es un líder en la sociedad del conocimiento; que es un país globalmente poco atractivo; y que carece de la identidad requerida para impulsar un proyecto nacional de largo alcance.
Si esto se percibe en un país como España, que ocupa el lugar 19 en el Índice del Desarrollo Humano, hace falta que en nuestro país se deje de lado la arrogancia de la Presidencia de la República y se convoque a un Gobierno de Transición que permita consensuar un nuevo pacto-país, y que nos lleve al
reconocimiento de que no somos competitivos, que no tenemos una economía atractiva basada en el conocimiento, que nuestra identidad está fracturada y que el liderazgo de los políticos está agotado.
Domingo 21 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=545363
La polarización social se percibe en todos los espacios y ámbitos de la vida política, social y cultural de nuestro país. El desánimo cunde y el pesimismo se convierte en la actitud dominante de los principales actores y tomadores de decisiones en todos los niveles y órdenes.
El vacío de poder, que cada vez más parece no sólo ensancharse sino prohijarse desde Los Pinos, nos ha llevado a una profunda ausencia de liderazgo y de capacidad de conducción de un proyecto nacional capaz de cohesionar y de articular una serie de procesos virtuosos de mejoría constante y progresiva.
En todo el mundo, la crisis ha dejado una estela de confusión y desolación que, mientras que para nosotros se ha convertido en parálisis, en otras latitudes ha sido tomada con seriedad, madurez y con una enorme capacidad de diálogo y debate para la construcción de soluciones de corto y largo plazo.
Uno de estos ejemplos se encuentra en la llamada “Propuesta Transforma España”, impulsada por la Fundación Everis, una organización de la sociedad civil en aquél país, que tuvo la capacidad de convocar a cien destacadas personalidades, no sólo para debatir, sino para construir un documento de
propuesta de solución a los problemas más graves que enfrenta aquella nación.
Uno de los elementos que más llama la atención en el documento de 120 páginas, es el subtítulo: “Una visión optimista pero contundente de la sociedad civil de España”.
SI bien es cierto que no se puede copiar al calce lo que se está haciendo en otras regiones para enfrentar la crisis, lo es también el hecho de que podemos aprender lecciones sobre el método para dialogar en civilidad y construir propuestas viables para crecer y generar una economía dinámica, competitiva y diseñada para el bienestar.
El documento de la Fundación Everis se estructura desde una lógica de simplicidad que constituye precisamente su enorme fortaleza: ofrece una introducción; desarrolla con precisión un diagnóstico; y ofrece finalmente una propuesta de solución.
Al respecto vale la pena señalar que el diagnóstico que debe construirse para México debe tener el arrojo —la contundencia como lo señala la Fundación Everis—, de abordar temas que hasta ahora son tabú en nuestro país. Por ejemplo, la urgencia de defender a las organizaciones sindicales, pero simultáneamente garantizar que éstas sean democráticas y transparentes en el manejo de los
recursos.
Otro tema que debe abordarse es la urgencia de abrir el monopolio que ejercen los partidos políticos en el juego democrático, y abrir mecanismos y procedimientos de consulta y participación ciudadana, a fin no sólo de establecer en la Constitución figuras como el plebiscito, el referéndum y la Iniciativa Popular, que ya funcionan en distintas entidades de la República.
Al contrario de lo anterior, la falta de diálogo y la capacidad de consenso nos ha frenado en múltiples espacios y proyectos; uno de los casos más recientes y visibles, fue el de Atenco, en donde por un lado los machetes, y por el otro la necedad y la estulticia gubernamental, dislocaron el proyecto del nuevo
aeropuerto que urgía tanto no sólo para el Distrito Federal sino para el país.
Otro caso es el de la llamada Refinería del Bicentenario, proyecto en el que se provocó una insana competencia entre gobiernos estatales, y que derivó en una falta de acuerdo y consenso que aún hoy mantiene estancado, por la incapacidad del gobierno, el inicio de la construcción de esta mega obra.
En el estado de Guanajuato, el próximo 5 de diciembre, se llevará a cabo un plebiscito para determinar si la población aprueba o desaprueba un acuerdo del Ayuntamiento de la Ciudad, por el que se autorizó el cambio de uso de suelo de un predio, y en el que se tiene proyectado un desarrollo de cerca de cuatro mil empleos.
Una vez más, en este último caso, ha sido la falta de capacidad para acercar a las partes involucradas, y con base en el diálogo inteligente, generar soluciones colectivas compartidas, a fin de garantizar por un lado, que la viabilidad ecológica no se comprometa, pero que por otro puedan generarse alternativas de desarrollo económico que generen los empleos que tanto nos urgen para elevar el bienestar de la población.
La lección que podemos retomar del ejercicio realizado por la Fundación Everis es el reconocimiento de que España no es un líder en la sociedad del conocimiento; que es un país globalmente poco atractivo; y que carece de la identidad requerida para impulsar un proyecto nacional de largo alcance.
Si esto se percibe en un país como España, que ocupa el lugar 19 en el Índice del Desarrollo Humano, hace falta que en nuestro país se deje de lado la arrogancia de la Presidencia de la República y se convoque a un Gobierno de Transición que permita consensuar un nuevo pacto-país, y que nos lleve al
reconocimiento de que no somos competitivos, que no tenemos una economía atractiva basada en el conocimiento, que nuestra identidad está fracturada y que el liderazgo de los políticos está agotado.
domingo, 14 de noviembre de 2010
La economía-ficción del Presidente. Periódico La Crónica de Hoy
Saúl Arellano. Opinión
Domingo 14 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=544036
El de Felipe Calderón está condenado a ser un sexenio perdido en materia de empleo. A casi cuatro años del inicio de su mandato, la economía no ha logrado detonar un proceso de crecimiento con equidad y con la capacidad de generar empleos dignos.
El manejo tramposo de las cifras que ha hecho el Ejecutivo federal es tanto irresponsable como contrario a los principios que deben mover a un jefe de Estado: hablar con la verdad a la población y asumir, al costo que sea, las decisiones requeridas para garantizar el bienestar de los gobernados.
En ese sentido, declarar una y otra vez a los medios de comunicación que ya estamos en franca recuperación económica y laboral es tan falso, que resulta verdaderamente ofensivo, sobre todo ante la realidad de un país que vive la zozobra de la inseguridad pública, así como el oprobio del hambre y la
enfermedad.
Esta tendencia mentirosa del Ejecutivo comienza también a ser frustrante, porque cada mes que el INEGI informa sobre las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, de inmediato Felipe Calderón nos receta la misma cantaleta: “vamos por el camino correcto”; “hemos creado cifras récord de empleo”; y una larga lista de verdades a medias que antes de generar confianza entre los ciudadanos, confunden y llevan a la pregunta de ¿por qué si hay tan “buenos” datos, la gente sigue empobreciéndose más y más?
Lo primero que el Presidente omite en sus discursos es que la población mayor de 14 años ha crecido de 75, 164, 132 de personas a 79, 855, 163, entre el mes de diciembre de 2006 -en el que tomó posesión de su mandato- y el mes de septiembre de este 2010, lo que significa nada menos que un incremento de 4.69 millones de personas.
Lo anterior implica también un crecimiento de 2.68 millones de personas en el segmento que integra a la Población Económicamente Activa (PEA), la cual se sitúa ya en 47.13 millones.
Durante su campaña en 2006, Felipe Calderón prometió ser el “presidente del empleo”. Hoy las cifras le dan la espalda: en ese año, había en México 1.6 millones de personas desocupadas, es decir, una tasa de 3.6% del total de la PEA. Ahora, casi después de cuatro años completos de su mandato, la tasa de desocupación registrada por INEGI es de 5.6% de la PEA, lo que significa en términos absolutos 2.65 millones de desocupados a lo largo y ancho del país.
¿Dónde está la tan “cacareada” recuperación? En términos estrictos, el sexenio de Calderón ha provocado el desempleo de un millón de personas adicionales a las que había cuando asumió el poder, mientras que la tasa de desocupación se encuentra dos puntos porcentuales por arriba.
Si el Presidente se empecina en decirnos mentiras sobre el empleo cada mes, es importante mostrarlas también cada mes. En ese sentido, es importante mostrar más cifras para que quienes hacen los discursos del Ejecutivo puedan tomarlas en cuenta y nos digan toda la verdad y no sólo aquello que pretende hacer parecer que todo va bien.
Por ejemplo, al momento en que Calderón tomó posesión, el 13.04% de la población ocupada percibía ingresos por debajo de un salario mínimo. A finales de septiembre, el porcentaje es de 12.98%. Así, no sólo no se crean más empleos, sino que los creados siguen siendo de pésima calidad.
En la misma tendencia, ha ocurrido que tanto el número absoluto como el porcentaje de personas que perciben más de 5 salarios mínimos se han reducido severamente. Mientras que en diciembre de 2006 había un 11.94% de la población ocupada en ese nivel salarial, en septiembre de 2010 el porcentaje es de 8.92%.
Asimismo, ahora que está de moda hablar de la crisis del IMSS, vale la pena destacar que mientras que en 2006 el porcentaje de personas ocupadas que tenían acceso a servicios de salud por el trabajo que desempeñan era de 36.7%, en septiembre de 2010 se redujo aún más a sólo el 35.41%.
La precarización del empleo ha llevado a que un mayor número de personas tenga que trabajar más de 48 horas a la semana a fin de completar los ingresos necesarios para satisfacer a medias las necesidades de sus familias. Así, mientras que en diciembre de 2006 había 7, 982, 716 de personas que trabajaban más de 48 horas a la semana, es decir, el 28.4% de la población ocupada, en septiembre de 2010 la cifra es de 8, 158, 064, o sea un 27.9% del total de ocupados.
Por si lo anterior fuera poco, el costo de la línea del bienestar mínimo en el ámbito urbano ha crecido, de diciembre de 2006 al mes de agosto de 2010, en un 17.4%; mientras que en el ámbito rural el crecimiento ha sido del 16.2%.
Las políticas del gobierno federal han provocado una verdadera catástrofe social en todo el país, por lo que el licenciado Calderón ya no puede simplemente seguir mintiendo y pretender que nada pasa.
Con todo lo anterior no es aceptable pues, que el Presidente siga tratando de engañarnos a través de su “economía-ficción”.
Domingo 14 de Nov., 2010
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=544036
El de Felipe Calderón está condenado a ser un sexenio perdido en materia de empleo. A casi cuatro años del inicio de su mandato, la economía no ha logrado detonar un proceso de crecimiento con equidad y con la capacidad de generar empleos dignos.
El manejo tramposo de las cifras que ha hecho el Ejecutivo federal es tanto irresponsable como contrario a los principios que deben mover a un jefe de Estado: hablar con la verdad a la población y asumir, al costo que sea, las decisiones requeridas para garantizar el bienestar de los gobernados.
En ese sentido, declarar una y otra vez a los medios de comunicación que ya estamos en franca recuperación económica y laboral es tan falso, que resulta verdaderamente ofensivo, sobre todo ante la realidad de un país que vive la zozobra de la inseguridad pública, así como el oprobio del hambre y la
enfermedad.
Esta tendencia mentirosa del Ejecutivo comienza también a ser frustrante, porque cada mes que el INEGI informa sobre las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, de inmediato Felipe Calderón nos receta la misma cantaleta: “vamos por el camino correcto”; “hemos creado cifras récord de empleo”; y una larga lista de verdades a medias que antes de generar confianza entre los ciudadanos, confunden y llevan a la pregunta de ¿por qué si hay tan “buenos” datos, la gente sigue empobreciéndose más y más?
Lo primero que el Presidente omite en sus discursos es que la población mayor de 14 años ha crecido de 75, 164, 132 de personas a 79, 855, 163, entre el mes de diciembre de 2006 -en el que tomó posesión de su mandato- y el mes de septiembre de este 2010, lo que significa nada menos que un incremento de 4.69 millones de personas.
Lo anterior implica también un crecimiento de 2.68 millones de personas en el segmento que integra a la Población Económicamente Activa (PEA), la cual se sitúa ya en 47.13 millones.
Durante su campaña en 2006, Felipe Calderón prometió ser el “presidente del empleo”. Hoy las cifras le dan la espalda: en ese año, había en México 1.6 millones de personas desocupadas, es decir, una tasa de 3.6% del total de la PEA. Ahora, casi después de cuatro años completos de su mandato, la tasa de desocupación registrada por INEGI es de 5.6% de la PEA, lo que significa en términos absolutos 2.65 millones de desocupados a lo largo y ancho del país.
¿Dónde está la tan “cacareada” recuperación? En términos estrictos, el sexenio de Calderón ha provocado el desempleo de un millón de personas adicionales a las que había cuando asumió el poder, mientras que la tasa de desocupación se encuentra dos puntos porcentuales por arriba.
Si el Presidente se empecina en decirnos mentiras sobre el empleo cada mes, es importante mostrarlas también cada mes. En ese sentido, es importante mostrar más cifras para que quienes hacen los discursos del Ejecutivo puedan tomarlas en cuenta y nos digan toda la verdad y no sólo aquello que pretende hacer parecer que todo va bien.
Por ejemplo, al momento en que Calderón tomó posesión, el 13.04% de la población ocupada percibía ingresos por debajo de un salario mínimo. A finales de septiembre, el porcentaje es de 12.98%. Así, no sólo no se crean más empleos, sino que los creados siguen siendo de pésima calidad.
En la misma tendencia, ha ocurrido que tanto el número absoluto como el porcentaje de personas que perciben más de 5 salarios mínimos se han reducido severamente. Mientras que en diciembre de 2006 había un 11.94% de la población ocupada en ese nivel salarial, en septiembre de 2010 el porcentaje es de 8.92%.
Asimismo, ahora que está de moda hablar de la crisis del IMSS, vale la pena destacar que mientras que en 2006 el porcentaje de personas ocupadas que tenían acceso a servicios de salud por el trabajo que desempeñan era de 36.7%, en septiembre de 2010 se redujo aún más a sólo el 35.41%.
La precarización del empleo ha llevado a que un mayor número de personas tenga que trabajar más de 48 horas a la semana a fin de completar los ingresos necesarios para satisfacer a medias las necesidades de sus familias. Así, mientras que en diciembre de 2006 había 7, 982, 716 de personas que trabajaban más de 48 horas a la semana, es decir, el 28.4% de la población ocupada, en septiembre de 2010 la cifra es de 8, 158, 064, o sea un 27.9% del total de ocupados.
Por si lo anterior fuera poco, el costo de la línea del bienestar mínimo en el ámbito urbano ha crecido, de diciembre de 2006 al mes de agosto de 2010, en un 17.4%; mientras que en el ámbito rural el crecimiento ha sido del 16.2%.
Las políticas del gobierno federal han provocado una verdadera catástrofe social en todo el país, por lo que el licenciado Calderón ya no puede simplemente seguir mintiendo y pretender que nada pasa.
Con todo lo anterior no es aceptable pues, que el Presidente siga tratando de engañarnos a través de su “economía-ficción”.
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